Creo que debe darse cuenta de que la libertad y la libertad traen desafíos inherentes, que las personas pueden decir y hacer cosas que quizá no nos gusten. Parece que a veces hay una idealización de la libertad en Occidente, que todo debería ser un arcoíris, no el caos de desacuerdos y desafíos que la realidad trae. Pero lo clave es que esto es algo positivo. Es positivo que la gente pueda expresarse pacíficamente sin miedo a represalias, incluso si discrepas vehementemente de cada palabra que dice. Las personas que han tenido que salir a la calle o al campo de batalla para recuperar su libertad lo entienden.