Han pasado más de 3,5 años desde que los reguladores puertorriqueños sacrificaron mi banco y miles de clientes inocentes para que la Agencia Tributaria y el J5 pudieran atribuirse el mérito de haber puesto fin a la evasión fiscal y el blanqueo de capitales inexistentes. Hasta ahora, solo unos pocos clientes han recuperado algún dinero.